- Disculpa, ¿me puedo sacar un selfie contigo?
Debió notar mi cara de sorpresa, porque añadió:
- Es para unos amigos - sonrió, con aquellos ojitos azules que me llamaron la atención.
- Eh...creo que mejor no...no nos conocemos - dije volviéndome a girar y poniéndome el auricular de nuevo
Siguió insistiendo, intentando hablar conmigo, y yo me asustaba más.
Al fin mi parada llegó, y bajé a toda prisa del autobús. Pero, para mi desgracia, vi que él se bajaba también conmigo, y vi que venía detrás de mi hacia mi casa. Por mi mente pasaron miles de posibles ideas de lo que aquello podía significar, todas malas, y todas hacían que mi corazón se desbocase.
Por fin llegué a mi portal, y abrí cerrando la puerta detrás de mi; pero enseguida sentí que alguien la abría de nuevo, y al girarme le vi a él entrando, y sonriéndome. Entré en el ascensor y él entró conmigo. Marqué mi piso, el cuarto.
- ¿A....a que piso? - conseguí decir, mirando mis pies nerviosa
- Al mismo - sonrió. Yo sentía los latidos de mi corazón rebotar en mi cabeza.
En el piso nos bajamos, y yo fui a mi puerta. Vi que él iba a la puerta de al lado, o sea, que era mi vecino. Cuando conseguí entrar en casa sentí que algo se aliviaba dentro de mi, al final no había pasado nada malo.
Pero, cual fue mi sorpresa al día siguiente, al ver que salía de casa a la misma hora que yo y que cogía el mismo bus que yo, hacia el instituto, MI instituto.
Bajamos en la misma parada y entramos juntos por la puerta, pero él fue hacia la sala de profesores y yo hacia las clases.
Y...dos horas después, al entrar en el aula de música, ¡allí estaba él! ¡Era el profesor de música! Nunca lo habría creído, pero así conocí a Richard.
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